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En verano, el clima es caluroso. Bajo estas altas temperaturas, la regulación de la temperatura corporal, el metabolismo del agua y la sal, la digestión, la circulación, el sistema nervioso, el sistema endocrino y el sistema urinario experimentan cambios significativos. Estos cambios aceleran el metabolismo y aumentan el consumo de nutrientes. El calor tiende a reducir el apetito y dificulta el descanso y el sueño.

Asegúrese de tener un aporte adecuado de proteínas.
En condiciones de alta temperatura, la descomposición de proteínas en el cuerpo humano aumenta y la excreción de nitrógeno urinario aumenta, lo que resulta en un balance nitrogenado negativo. Por lo tanto, la ingesta de proteínas debe aumentarse adecuadamente, pero sin excederse, para no sobrecargar los riñones. Entre ellas, el pescado, la carne, los huevos, la leche y las legumbres son proteínas de alta calidad y deben representar el 50% de la ingesta proteica.
Coma más frutas y verduras para obtener la vitamina adecuada.
Sudar a altas temperaturas provoca una gran pérdida de vitaminas hidrosolubles, especialmente la vitamina C, que duplica el requerimiento estándar, por lo que también es recomendable suplementarla. El contenido de vitamina C es muy alto en verduras frescas y frutas maduras de verano, como tomates, sandías, arrayán, melocotones y ciruelas. La vitamina B se encuentra en mayor cantidad en cereales, legumbres, hígado animal, carne y huevos. En verano, se pueden complementar estos alimentos adecuadamente y tomar tabletas de levadura de cerveza.
Agua suplementaria y sales inorgánicas
Cuando el cuerpo humano suda mucho o la temperatura corporal es demasiado alta, no solo causará insuficiencia de agua en el cuerpo, sino que también perderá mucho sodio, potasio y otros elementos. La deficiencia de sodio puede agravar la escasez de agua, así que preste atención a la reposición de agua y sales inorgánicas. Es mejor complementar el agua y la sal en forma de sopa. Se puede elegir sopa de verduras, caldo y sopa de pescado alternativamente. Beber una pequeña cantidad de sopa antes de las comidas también puede aumentar el apetito. Para las personas que sudan mucho, se debe agregar cierta cantidad de bebidas saladas entre las comidas. Además, puede comer frutas y verduras ricas en potasio, como: colza, apio, edamame, champiñones, papas, algas, cacahuetes, naranjas, dátiles rojos, etc.
Coma más alimentos que eliminen el calor y la humedad.
Los alimentos que alivian el calor deben consumirse en pleno verano. Entre los alimentos más comunes para aliviar el calor se encuentran la sandía, la calabaza amarga, los melocotones, las fresas, los tomates, los frijoles mungo, los pepinos, etc., y condimentos como el ajo, el jengibre y el vinagre se utilizan para abrir el apetito. Los alimentos que tonifican el bazo y promueven la hidratación incluyen principalmente la calabaza de cera, la calabaza, el jengibre, la raíz de loto, la cebada, el ñame, etc.
Dieta ligera
En verano, con temperaturas altas, se suda mucho y se bebe mucha agua, el ácido gástrico se diluye fácilmente, la secreción de jugo digestivo se reduce relativamente y la función digestiva se debilita, lo que resulta en falta de apetito. Sumado a la falta de sueño y el calor, comer alimentos crudos y fríos, si se ingiere comida grasosa, es inevitable que aumente la carga sobre el tracto gastrointestinal y afecte la digestión. Por lo tanto, es recomendable comer menos alimentos grasosos y una dieta ligera y tranquila en verano. Además, tomar gachas de avena en el desayuno y la cena no solo ayuda a aliviar el calor, sino que también nutre el cuerpo. Por ejemplo, gachas de frijol mungo, gachas de semillas de loto, etc.
Preste atención a los métodos de cocción.
Las comidas deben ser fáciles de digerir, con buen color, sabor y aroma. Es recomendable consumir más platos fríos o escaldados, y se puede añadir una cantidad adecuada de condimentos ácidos y picantes para ajustar el sabor y abrir el apetito. También se pueden acompañar con encurtidos y guarniciones con sabor, que no solo realzan la comida, sino que también aportan sal.
No comer demasiado frío
Aunque el clima es caluroso en verano, no es aconsejable consumir demasiadas bebidas frías, paletas, cerveza fría ni frutas heladas. Por ejemplo, la sandía del refrigerador no debe sacarse y consumirse inmediatamente, sino que debe dejarse a temperatura ambiente un rato antes de comerla. Esto se debe a que una gran cantidad de alimentos muy fríos puede causar una contracción repentina de los vasos sanguíneos gastrointestinales, causando disfunción gastrointestinal, calambres gastrointestinales, dolor abdominal, diarrea y trastornos digestivos y de absorción. Especialmente los pacientes con ciertas enfermedades crónicas deben ser más selectivos y moderados al consumir bebidas frías. Además, no se puede comer en exceso en verano, especialmente para la cena. Los ancianos y los niños, en particular, tienen una capacidad digestiva débil, que es aún peor en verano. Comer en exceso y la indigestión pueden dañar fácilmente el bazo y el estómago y causar dolor de estómago.
La higiene alimentaria es muy importante
El verano es la época de frecuentes enfermedades infecciosas intestinales e intoxicaciones alimentarias bacterianas. Al consumir verduras y frutas crudas, debemos prestar atención a la limpieza y la desinfección. No consuma alimentos en mal estado, recaliente las sobras antes de comerlas y no beba agua sin hervir. Además, las tablas de cortar domésticas deben lavarse completamente con detergente (preste especial atención a las grietas y marcas de cuchillos), luego enjuáguelas con agua limpia y déjelas secar al aire. Es recomendable usar las tablas de cortar y los cuchillos exclusivamente para platos crudos y cocinados para garantizar la higiene y evitar la transmisión de enfermedades por vía oral.

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